Daryl Dixon es uno de los personajes más queridos de la serie de televisión The Walking Dead. Sin embargo, también es uno de los que más nervios causan en el espectador. Su ballesta es un arma maravillosa, pero poco práctica en la vida real.

Reduce las posibilidades de sobrevivir frente a una horda de caminantes, por no ser demasiado rápida. Para colmo, obliga a recoger la mayor cantidad de flechas posibles, puesto que ya no existen tiendas para adquirir más. Algo parecido ocurre con el protagonista de Forbidden Forest.

Se enfrenta a enemigos de un enorme tamaño y, a diferencia de los muertos vivientes, sí que se acercan a gran velocidad. Además, el espacio entre ellos es muy reducido, por lo que no hay posibilidad de maniobrar en exceso. Ante esta situación, ¿qué arma le pusieron sus desarrolladores? ¿Un rifle? ¿Una espada? Un arco. O se preocupaban poco por su supervivencia o confiaban demasiado en sus habilidades. Lo bueno es que crearon un juego que rozaba la perfección en muchos aspectos.

 

 

¡Cuidado, arañas gigantes!

Forbidden Forest es un juego desarrollado por Paul Norman y publicado por Cosmi Corporation. Vio la luz en 1983 para Commodore 64 y Atari-8-bit family. No se convertiría en uno de los juegos más populares de la década, pero sí que tuvo críticas muy positivas por parte de la comunidad. Le seguirían dos juegos más: Beyond The Forbidden Forest (1985) y Forbidden Forest 3 (2003).

Forbidden Forest

Volviendo al juego original, estamos ante una aventura con una trama sencilla. Un arquero se adentraba en un bosque prohibido, como nos indicaba su título, para acabar con la vida de todo tipo de criaturas. No apto para aracnofóbicos, durante los primeros minutos veríamos arañas y abejas de un enorme tamaño.

Los adorables insectos se acercaban al protagonista bastante rápido. Sin tiempo para bajar la guardia, debía disparar a cada uno de ellos. Al hacerlo, el bicho se detenía, moría desangrado y desaparecía. Y a por el siguiente. Como costumbre, y para complicar la existencia, aparecían varios de forma simultánea.

Por suerte, sus controles fueron muy sencillos. Dado que no había demasiado espacio en la pantalla, no era necesaria la mejor de las precisiones para dar en el blanco. Entre el enorme tamaño de las criaturas y su proximidad, era complicado no acertar (excepto con las abejas), por lo que todo el protagonismo recaía en la rapidez a la hora de desenvolverse con el arco y en la concentración, para disparar lo antes posible.

 

 

El día y la noche

Esos bichos no fueron los únicos a los que se enfrentaría este particular Robin Hood. Las ranas voladoras se convertirían en unas de las grandes protagonistas, por las lluvias que causaban con ellas mismas. Aparecían por todas partes, por lo que debíamos tener claro que no todas iban a morir. Así, entraba en juego la capacidad para esquivarlas a tiempo.

Forbidden Forest

El día daría paso a la noche, tras el movimiento constante de la luna, y con la aparición de criaturas fantásticas como fantasmas, esqueletos, basiliscos o preciosos dragones. La forma de acabar con ellos era la misma y las consecuencias de un ataque hacia nuestro héroe también. Un simple roce o aplastamiento servirían para que quedase reducido a un charco de sangre. Al menos, podíamos seguir por donde nos habíamos quedado.

Forbidden Forest también destacó por su enemigo final. No podíamos disfrutar demasiado de su aspecto, puesto que sólo se dejaba ver durante unas milésimas de segundo. Debían ser suficientes para recordar el punto exacto donde se encontraba y dispararle. Tras varios aciertos, unos fuegos artificiales nos indicarían que todo había terminado.

Llegados a ese punto, había dos posibilidades: disfrutar del sabor de la victoria o volver a intentarlo de nuevo para obtener una mayor puntuación. Como gran atractivo, esta propuesta fue más que adictiva, invitando a completarla una y otra vez. Supuso un auténtico desafío, divertido y original.

Por desgracia, sus gráficos no hicieron de él un juego completo en todos sus aspectos. Poca diferencia había entre algunos elementos y manchas de tinta, por lo que más nos valía ejercitar la imaginación. Los píxeles nos encantan, pero en esa época ya se podían realizar mejores cosas con ellos. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!

Forbidden Forest