La mejor parte de volver a disfrutar de juegos retro es adentrarse en el origen de los tiempos. Ya que la industria de los videojuegos es muy joven, es fácil saber qué título marcó el inicio de una determinada temática o mecánica.

En nuestra tarea por convertirnos en una enciclopedia humana, no sólo es preciso saber en qué videojuego apareció Luigi por primera vez o qué consola daría paso a las crucetas. También resulta necesario conocer qué juego, de entre los más populares, recurrió a los joysticks rotatorios por primera vez. La respuesta es Ikari Warriors, propuesta que también pasaría a la historia por otros aspectos.

 

 

Ikari Warriors vs. Commando

Ikari Warriors vio la luz en 1986, de la mano de SNK. Plataformas como MSX, NES, DOS, Atari ST, Atari 2600, Atari 7800, Amiga, Commodore 64, Amstrad CPC y ZX Spectrum no quisieron dejar escapar la oportunidad de tener el juego de moda en su catálogo.

Ikari Warriors

Estamos ante un shoot ‘em up de avance vertical. Siguiendo con las características propias del género, el avance se combinó con el disparo constante hacia enemigos. No faltó la conducción de vehículos, como forma de seguir hacia delante. Llegar hasta el final implicaba el rescate del Coronel Cook, con su millón de puntos como jugosa recompensa.

Su jugabilidad resultó entretenida y todo un desafío, aunque no era nada nueva. Se hacen inevitables las comparaciones con Commando, lanzado en 1985, tanto en cuestión de estética como en mecánica. En una época donde eran más que habituales las “imitaciones” de este clásico, Ikari Warriors supo hacerse un hueco con sus elementos distintivos.

Así, quienes hubiesen disfrutado del título original podían seguir sorprendiéndose con el nuevo. Sin despreciar a Commando, que marcó un antes y un después en la historia, el juego que nos ocupa pudo presumir del uso de los joysticks rotatorios y de la cooperación con un compañero, de forma simultánea.

 

 

Los disparos entre dos

Como ya hemos visto, Ikari Warriors fue pionero en el uso de los joysticks rotatorios. Puesto que el movimiento y la precisión resultaban claves para seguir con la misión, no había nada mejor que incorporar las palancas con ocho posiciones. La comodidad por encima de todo.

Por su parte, la aventura podía disfrutarse en solitario, aunque resultó más satisfactoria con un compañero. Cada uno se pondría en la piel de un soldado, rojo o azul, para disparar a los enemigos y llegar hasta la meta. La cooperación no sólo aparecía a la hora de sumar la mayor cantidad de puntos, sino de organizarse. La comunicación resultó clave a la hora de limpiar zonas y, por supuesto, de protegerse el uno al otro. Aunque después ocurriese lo contrario.

Ikari Warriors

Además de acabar con rápidos y constantes enemigos, helicópteros incluidos, debíamos sortear distintos obstáculos y buscar los mejores objetos. La conducción de un gran tanque no se haría esperar. No había nada como disparar desde su interior. A cambio de esta pequeña ventaja, era preciso gestionar el combustible, recogiendo todo lo que encontrásemos por el camino. No hay nada gratis en esta vida.

Los escenarios en plena naturaleza darían paso a los movimientos por el agua (suerte que no cubría demasiado) y a las salas de interior, donde se presuponía que el final estaba cerca. Por muy cargados que fuésemos de balas y de granadas, no habría un poderoso jefe final esperándonos. No hubiera estado de más para dar por finalizada una aventura que supo destacar entre la multitud.

Como curiosidad, sus protagonistas fueron Ralf y Clark, personajes idénticos salvo en sus colores, inspirados en Rambo. No pasarían al olvido, ya que formaron parte de las sagas King of Fighters y Metal Slug. ¡Hasta el próximo Retromanía, talonianos!