La adaptación animada del manga Banana Fish, de Akimi Yoshida, se ha convertido por méritos propios en uno de los animes más importantes de 2018.

Muchos lo aupaban como uno de los estrenos más esperados de la temporada, aunque nadie podía prever la repercusión real que este anime iba a tener entre los otakus de todo el mundo. ¿Su secreto? Acción a raudales (en ocasiones tanta que se necesita algo de tiempo o un segundo visionado para asimilarlo mejor), giros de guión a tutiplén que mantienen el suspense en todo momento, una animación alucinante (que ya querrían otras series), drama y un romance camuflado en una estrecha y profunda relación de amistad. Una auténtica joya olvidada por el paso de los años que su adaptación animada ha traído de vuelta a la palestra y le ha dado el reconocimiento por parte del público que su obra original merece. Estamos hablando, como no podía ser de otra manera, de Banana Fish.

“Mientras mi ser se rompe, ¿en quién debería creer?”

Banana Fish

Ash Lynx es un joven norteamericano que a sus 17 años es líder de las pandillas callejeras del centro de Manhattan. Admirado por muchos, temido por casi todos, Ash regenta su territorio con mano dura y buen juicio, poniendo a cada uno en su sitio sin propasarse con la autoridad que se asocia a su rango. No obstante, el chico posee un doloroso y horrible pasado que le une a “Papa Dino” o Dino Golzine, el auténtico capo que controla el cotarro en Nueva York. Amigo de blancos, chinos, negros y demás personas al margen de la ley, Ash mantiene un secreto que sólo unos pocos conocen. Se trata de la existencia de su hermano Griffin, excombatiente de la Guerra de Irak que sufrió un ataque de locura que le dejó en estado vegetativo y postrado en una silla de ruedas. Las únicas palabras que pronuncia el hombre son “Banana Fish”.

Cuando las pesquisas de Ash acerca de qué o quién puede ser ese “Banana Fish” se encuentran en un punto muerto, el chico se cruza en el camino de un hombre que le entrega una cápsula con un polvo blanco en su interior. Acompañado de los últimos mensajes del hombre (las palabras “Banana Fish” y una dirección en Los Ángeles), las esperanzas de Ash por saber qué le ocurrió realmente a su hermano en la guerra en Asia resurgen con fuerzas renovadas y una determinación de acero.

Sin embargo, todo se le complica cuando en su camino se cruza Eiji Okumura, un japonés de 19 años que representa la inocencia perdida de Ash, un alma pura que se ve repentinamente involucrado en los asuntos de la mafia. Cuanto mayor se estrecha la relación entre Ash y Eiji, más se convence el norteamericano del riesgo y la vulnerabilidad del nipón en su mundo, por lo que decide hacerse responsable de su protección y seguridad. Pero ni siquiera él será capaz de garantizar la seguridad de sus seres queridos mientras indaga en la investigación de “Banana Fish” y todo lo que ello conlleva.

Banana Fish es un manga de Akimi Yoshida que estuvo en activo en las páginas de la revista Bessatsu Shōjo Comic entre mayo de 1985 y abril de 1994, siendo recopilado posteriormente en diecinueve volúmenes. Tiempo después se hizo una reedición que redujo el número de tomos a once, además de lanzar al mercado un artbook, una guía de personajes y un conjunto de historias extra. Tampoco faltaron adaptaciones a radio y a teatro.

Banana Fish

No obstante, esta reseña es muy especial, pues sólo nos vamos a centrar en la adaptación animada. Una adaptación que fue confirmada en octubre de 2017. Dirigido por Hiroko Utsumi (Free!) y producido por el estudio de animación MAPPA, el primero de los veinticuatro episodios que componen el anime Banana Fish se estrenó en el bloque televisivo Noitamina (Fuji TV) el 5 de julio de 2018. El final se ha emitido en la madrugada del 20 al 21 de diciembre del mismo año. Toda la serie se puede encontrar subtitulada a nuestro idioma a través del servicio Amazon Prime Video.

Al ser una obra realizada entre las décadas de los 80 y 90 algunos aspectos están muy obsoletos actualmente, por lo que el staff ha adaptado los sucesos de Banana Fish a nuestra época, incluidos los diferentes avances tecnológicos. Además, mientras que en el manga original el hermano de Ash combate en la Guerra de Vietnam, en el anime nos indican que Griffin lucha en Oriente Medio. Estos cambios acercan la historia a aquellas personas que no han leído el manga original, además de que muestran a los que ya la han leído cómo se desarrollan los sucesos en una época más actual.

Banana Fish

Siguiendo con el tema de la adaptación, al tratarse de una historia muy densa y con un elevado número de personajes secundarios, se han omitido algunos sucesos para centrarse en otros mucho más importantes y que aportan más a la historia principal. Asimismo, también en las partes clave se han quitado algunas cosas para hacer la narración de cada episodio más ágil y dinámica. En términos generales, y teniendo en cuenta dichas variaciones, el anime Banana Fish es una adaptación casi fiel que desprende la misma magia que el manga original.

Otro de los puntos fuertes de la serie es la evolución de los personajes, quienes en un principio no quieren verse envueltos en asuntos turbios que pueden poner su vida en peligro y que terminan arriesgándolo todo en pro de que la verdad salga a la luz. Esta evolución es especialmente llamativa en el caso de Ash. Mientras todos aprenden a endurecer su corazón y su determinación para proteger a aquellos que más quieren (ejemplos de ello son Eiji y Max), Ash experimenta ese mismo proceso pero de manera diferente. Según avanza la serie, y aunque su determinación sigue siendo su principal fuerza y aliada, el chico experimenta una debilidad propia de los seres humanos causada por su estrecha relación con Eiji. A pesar de ser un gran apoyo moral para él, el japonés acaba convirtiéndose en su principal debilidad, lo que le lleva a convertirse en un objetivo fácil de todos sus enemigos. No obstante, nadie pone en duda que la unión entre Ash y Eiji saca lo mejor del americano y viceversa, dándonos unos momentos de respiro entre tanta acción (y sangre y asesinatos, porque estos no faltan en ningún capítulo).

Banana Fish

Si alguien ha tenido la oportunidad de ver algunas imágenes del manga Banana Fish habrá comprobado que el dibujo de Akimi Yoshida es muy personal y característico del estilo que se podía encontrar en las obras de la época. Para hacerlo más actual, MAPPA le ha dado un lavado de imagen a los personajes, por lo que en el anime encontramos unos protagonistas visualmente muy atractivos y que representan la edad que tienen. Junto a este acertado diseño de los personajes tenemos una animación fluida que no nos deja ni un momento de tregua. Eso sí, debemos ser objetivos y decir que en algún que otro episodio la calidad baja considerablemente con respecto a otros. A pesar de esos pequeños defectos, que no afectan para nada a la hora de ver la serie, la calidad de la animación de Banana Fish es más que buena.

A este respecto cabe dedicarle unas palabras a la acción de los episodios. La base temática de Banana Fish son, de manera resumida, la mafia y sus asuntos más turbios, incluidas las relaciones secretas que mantienen con altos ejecutivos del Gobierno para mantener su posición de dominio. Esto hace indispensable que haya escenas de acción en las que los disparos, las muertes y la sangre lo son todo. Ahora bien, en el caso de esta obra estos elementos se han amplificado a tal nivel que son casi imprescindibles para definir cada capítulo. Si a ello le sumamos las traiciones y las relaciones personales de algunos de los protagonistas, además del turbio pasado de Ash, tenemos entre manos una obra con muchos puntos fuertes capaces de atrapar a espectadores con diversos gustos y preferencias.

La banda sonora también está a la altura de un proyecto tan grande como este. Melodías que conectan muy bien con el tono de las bandas neoyorkinas que parecen sacadas de una película de los noventa, temas grandilocuentes cuando la trama se centra en Golzine,… Esto se une a unos openings (found & lost y FREEDOM) y a unos endings (Prayer X y RED) que casan a la perfección con la historia y con los sentimientos de los protagonistas. Mención aparte merece el primer ending, Prayer X, cuya desgarradora letra parece escrita por el mismísimo Ash. De echo, si se analizan las letras, a través de sus temas de apertura y cierre el propio anime te va dando indicios de cómo va a ir evolucionando y cómo se desarrollarán las cosas hasta llegar a ese apoteósico final que, aunque lógico y predecible, no es por ello menos doloroso y sorprendente, más que por lo que sucede, por cómo y cuándo sucede.

Banana Fish no sería Banana Fish sin la relación entre los dos protagonistas, Ash y Eiji.  Según se avanza en la historia se puede percibir cómo la relación entre ambos va cambiando capítulo a capítulo, logrando que se forme entre ellos un mundo aparte del que el espectador/lector nunca se quiere ir (o quiere conocer más). Un mundo en el que sólo están ellos, en el que no hay muerte, ni bandas, ni Golzine. Un mundo prohibido para el resto de personas que les rodean, pues si alguien osa perturbar la paz de ese mundo acabará muy mal. Ash y Eiji se protegen el uno al otro como sólo ellos saben y esa relación es uno de los pilares fundamentales de Banana Fish y uno de los elementos clave de una historia apasionante.

Si os gustan las historias diferentes con un toque a la vieja usanza (es decir, series con una trama de calidad y en la que al final todos los cabos terminan bien atados, de las que hoy día apenas se encuentran) y repletas de acción no dudéis en echarle un vistazo a Banana Fish. Desde Tallon4 afirmamos, sin ninguna duda, de que este es uno de los mejores anime de este 2018 que está a punto de decirnos adiós. ¿A vosotros/as qué os ha parecido? ¡Contadnos!