Desde el estreno de su primera temporada en 2019, Fruits Basket ha demostrado ser una de las mejores adaptaciones animadas de un manga de los últimos años. ¡Cuidado con los spoilers!

Hace ya más de un año que se estrenó la primera temporada de Fruits Basket, una nueva adaptación animada que sigue a pies juntillas el manga original creado por Natsuki Takaya, obra que se ha convertido en un referente del género shōjo tanto en Japón como en España. Actualmente Norma Editorial está publicando en castellano la edición kanzenban de esta inmortal historia (aunque muchos ya contamos con los tomos de la edición original que la editorial catalana publicó hace unos añitos). Sin embargo, lo que hoy centra nuestra atención es el nuevo anime surgido de esta historia, que acaba de finalizar su segunda temporada con el anuncio de una tercera y última entrega. Producido por TMS Entertainment y dirigido por Yoshihide Ibata (Pikaia!!, FLCL Progressive), este nuevo anime destaca por su fidelidad a la obra de Takaya-sensei (algo que muchos reclamábamos tras esa primera y poco acertada adaptación). Con una primera temporada que establecía las bases de la historia para todos aquellos que descubrían esta obra por primera vez, la segunda parte llega a su fin dejando a más de uno con las emociones a flor de piel y un intenso deseo de que la tercera y última temporada llegue cuanto antes (aunque la realidad es que hay que esperar hasta 2021).

“Por fin alguien escogió al onigiri”

Fruits Basket

La historia de Fruits Basket comienza con Tohru Honda, una estudiante de secundaria que tras el fallecimiento de su madre se traslada a vivir con su abuelo. Por motivos ajenos, y tras una breve estancia en una tienda de campaña instalada en terrenos privados, Tohru termina viviendo en casa de Yuki Sōma, un compañero de clase de lo más popular, y de Shigure Sōma, su primo mayor. A ellos se suma rápidamente Kyō Sōma, primo de ambos que mantiene una fuerte rivalidad con Yuki. Pero un descuido de Tohru hace que Kyō, Yuki y Shigure se transformen en un gato, un ratón y un perro, respectivamente. Es así como Tohru descubre que algunos miembros de la familia Sōma están bajo una especie de “maldición” por la cual se convierten en algunos de los miembros del zodiaco chino al ser abrazados por personas del género opuesto (o cuando se quedan sin energía). A raíz de ese momento y de la instalación definitiva de Tohru en la residencia Sōma, la chica irá conociendo al resto de miembros de la familia, como Hatsuharu (el buey), Momiji (el conejo), Kisa (el tigre), Hiro (el carnero), Hatori (el dragón), Kagura (el jabalí), Ayame (la serpiente) y Kazuma (el padre adoptivo de Kyō). Todos ellos se encargarán de narrarle tanto a Tohru como al espectador sus vidas como miembros del zodiaco de la familia Sōma (o relacionados con ellos) y de la pesada carga y el sufrimiento que este hecho ha supuesto en sus vidas.

“Quiero pasar el resto de mis días con ella”

En abril de este año llegaba a la televisión nipona la segunda temporada de Fruits Basket. Junto a Tohru, el espectador ha conocido a nuevos personajes, como Isuzu Sōma (el caballo), Kureno Sōma (el gallo), y Akito Sōma, así como nuevos compañeros de colegio de Yuki y compañía como son Kakeru, Kimi, Machi y Nao. Una temporada que ha amplificado la carga dramática de las historias de todos los personajes y ha mostrado el inicio de una especie de “revolución” que nace del deseo de los más jóvenes de romper unas cadenas impuestas por un pasado que desconocen pero que les ahoga en su presente.

Tohru decide ayudar a romper esa maldición para darles un futuro a los Sōma y en especial a Kyō, sobre cuya cabeza pende el aislamiento de un confinamiento de por vida. Esta subtrama, que tiene a Kyô y Tohru como protagonistas, ya dio sus primeros pasos al final de la primera parte de la serie cuando vimos a la protagonista aceptar la verdadera forma del gato. Un momento emocionante e impactante que tiene sus consecuencias en esta segunda parte, pues ambos están desarrollando sentimientos por el otro, ofreciendo momentos adorables a la par que dolorosos. Y en la tercera y última temporada llegará el clímax de una forma sorprendente que ya estamos deseando ver.

Fruits Basket

“Yo ya rompí la maldición”

Una de las peculiaridades de Fruits Basket es que, más allá de los tira y afloja sentimentales de los protagonistas, la obra cuenta con un importante componente emocional. Todos los personajes están fuertemente marcados por sus relaciones interpersonales (ya sea con su madre en el caso de Tohru o con sus padres, parejas y Akito en el caso de los miembros de la familia Sōma). Es precisamente ese miedo irracional a perder ese vínculo que un día existió o a relacionarse con otras personas lo que mueve a los personajes, lo que les empuja a animar al resto, a no darse por vencidos y, en definitiva, a tratar de querer vivir sus vidas sin ataduras, descubriendo por sí mismos qué les depara el mañana y cómo pueden mejorarlo de cara a un futuro escrito de su propio puño y letra. Esta convicción de no estar atado a esos “lazos de sangre” se ve perfectamente (una vez más) en los casos de Yuki y Kyō. A pesar de sus posiciones como miembros del zodiaco, ambos luchan para labrarse un futuro (o al menos para planteárselo en la medida de lo posible) por su propio esfuerzo. Así, Yuki decide hacer frente a su madre para decidir por sí mismo el futuro que quiere para él, así como a Akito, de quien desea desvincularse para poder tener mayor autonomía dentro de su propia familia. En el caso de Kyō dicha ruptura con sus cadenas no es tan visible, aunque también está presente. Especialmente se percibe en el momento en que se da cuenta de sus sentimientos por Tohru y su deseo irracional de pasar tiempo con ella (el tiempo que le queda de libertad debido a la maldición, aunque en el fondo desea que dicho tiempo para compartir con la chica se amplíe a toda su vida).

Es en este punto de querer liberarse de sus ataduras donde cobran especial importancia algunos sucesos que transcurren en la temporada dos. El primero de ellos vuelve a tener relación con Yuki y hace referencia a su nombramiento como Presidente del Consejo Estudiantil y el nuevo equipo con el que debe lidiar para dicho cargo. Es precisamente ese peculiar grupo de estudiantes los que poco a poco van ayudando a la rata a liberarse de algunas de sus cargas emocionales (como cuando se confiesa ante Kakeru sobre su relación familiar o con Tohru), además de servirle como pilar para comprender ciertas naturalezas humanas (como la de Machi) y entender que todos tenemos problemas. Eso, sumado al humor que aporta este grupo a la historia, hacen del nuevo Consejo de Estudiantes un elemento clave para el desarrollo de la trama y de la personalidad de Yuki (argumento que se reafirmará en la tercera temporada, aunque no adelantemos acontecimientos).

Fruits Basket

Aunque todos los personajes sufren un cambio para bien a lo largo de ambas temporadas, no podemos evitar ver que el mayor cambio ha sido en el propio Yuki. Un cambio que le ha hecho pasar de ser un personaje que en un primer momento no cae muy bien a ser un imprescindible de la historia. Además de que cada paso que da en su vida consigue calar en el espectador, quien es capaz de emocionarse y empatizar con él.

El caso de Kyō es algo diferente al de Yuki. Por supuesto que el gato ha tenido su momento de evolución y hemos conocido mucho más de él, pero esto sólo ha sido en la primera parte de esta segunda temporada. En la recta final de esta continuación hemos podido ver pinceladas de lo que se avecina en la vida del gato, dejándonos con la miel en los labios y el corazón en un puño. Lamentablemente tendremos que esperar a la última temporada para ver cómo Kyō toma las riendas de la historia. Una historia que seguro no nos dejará indiferentes. Aún así, esta temporada nos ha mostrado a un Kyō que trata de cambiar y ser más sociable, tal y como se percibe en el momento en que acepta participar en la obra de teatro del instituto (aunque solo sea por complacer a Tohru).

Si lo extendemos a otros personajes, en esta segunda temporada conocemos la historia y las circunstancias de Isuzu Sōma, el caballo (o mejor dicho yegua). Maltratada y vejada de niña por su condición de animal del zodiaco, su situación mejora al enlazar su vida la de Haru (el buey), aunque sus remordimientos por esa felicidad que aún se la escapa (cuando ve la relación familiar de Kagura, por ejemplo), o esos pensamientos negativos al pensar que se aprovecha de Haru para su propio interés, terminan por llevarla por un camino solitario y un tanto autodestructivo que busca asimismo romper con la maldición.

Fruits Basket

De hecho, Shigure también trata de alcanzar algo semejante, pero utilizando unos métodos ocultos que le hacen ser uno de los personajes más misteriosos y con más secretos de toda la historia, ya que en todo momento muestra al espectador una de cal y otra de arena en su relación con el resto de miembros de la familia Sōma, incluido Akito. Así, aunque deja entrever su deseo de librarse de la maldición, lo cierto es que no realiza ningún movimiento visible para alcanzar esta meta, salvo su interés en alentar los propios deseos de libertad de los más jóvenes para que sean ellos quienes den un vuelco a la situación. Este hecho le deja en una posición inestable entre héroe y villano de la obra cuyo final se descubrirá con la última temporada.

Mención aparte merece la revelación final de Kureno quien, aparentando ser el miembro de la familia más cercano a su actual “Dios”, resulta ser el único que ha conseguido librarse de la maldición de manera física, aunque es el personaje que más atado en corto se mantiene por la misma, por el miedo a desvelar eso que tanto anhelan el resto de familiares y que tanto temor genera en Akito. Una revelación que deja al espectador en un cliffhanger de cara a la tercera temporada.

Una de las cosas que más llama la atención de Fruits Basket es el hecho de que la forma de ser de los personajes, la cual está relacionada con sus espíritus animales, es de lo más contradictoria (en el buen sentido, por supuesto). Por ejemplo, el pájaro no puede volar, pero es el único realmente libre; El perro se huele todo lo que está pasando con Akito; El gato, que suele ser arisco e independiente, quiere formar parte de un grupo y no estar solo; El buey y el caballo, que suelen ser dóciles, son rebeldes y ariscos. El tigre, que suele ser salvaje, es el más dócil y cariñoso… Esta es una de las muchas preciosas casualidades de esta serie.

Fruits Basket

A nadie que conozca el manga original o que haya echado un vistazo al anime se le escapa que Fruits Basket cuenta con un fuerte componente dramático. En esta historia en la que gran parte de los hechos pasan «por casualidad” o de manera fortuita, casi todos los personajes cuentan con un pasado (e incluso un presente) turbulento y cargado de maltrato tanto físico como psicológico. Su mala suerte y desdicha es el otro elemento que da sabor (por así decirlo) a una historia en la que se dejan entrever pinceladas de felicidad que serán como semillas que se irán instalando en el corazón de los miembros de la familia Sōma e irán germinando a paso lento, abriéndose paso poco a poco para convencerles y aumentar su resolución de vivir una vida a su manera.

Como colofón a la historia, esta segunda temporada ha dado un paso más allá al mostrar una evolución madurativa en los personajes principales que va de lo emocional a lo sentimental. Además de revelarse abiertamente contra ese futuro impuesto por los lazos de sangre, algunos de ellos han comenzado a experimentar el amor. El mejor ejemplo de ello es Kyō, quien ha comprendido por fin sus sentimientos hacia Tohru. Podría decirse lo mismo de Yuki, aunque en su caso tiene que ver más con un sentimiento de afecto maternal más que sentimental, aunque ha incidido en su deseo de descubrir el amor por su propia cuenta. Hiro e Isuzu también muestran su particular visión romántica del amor, que más bien consiste en ocultar sus sentimientos por temor a que sus parejas sean lastimadas por Akito, un hecho que no hace sino exaltar su lado irascible y más oscuro. También cabe mencionar el amor no correspondido de Uotani por Kureno, uno de los miembros de la familia Sōma, que deja algunos de los mejores momentos de la temporada (como el grito de frustración de Uo-chan en la obra de teatro escolar). También la profesora de los personajes principales, Mayu, ha logrado acercarse un poco más al corazón de su amado Hatori, quien también muestra su anhelo por escapar de las cuerdas de la maldición de la familia.

Fruits Basket

Aun así, Fruits Basket también cuenta con alguna dosis de humor proporcionada por personajes concretos (como el siempre vivaracho Ayame o el incorregible Kakeru en el Consejo de Estudiantes). Son estos momentos los que hacen a Furuba una obra verdaderamente especial, pues consigue pellizcarte el corazón en los momentos más dramáticos y tristes y al momento hacerte llorar de risa con las ocurrencias de los personajes. En esta segunda parte hemos tenido para todos los gustos, pero, sin duda, nos quedamos con las escenas protagonizadas por los miembros del Consejo Estudiantil. Son tan cercanos y divertidos que logran hacerte partícipe de sus vivencias.

Centrándonos en los aspectos más técnicos de la adaptación animada, cabe destacar la animación del estudio TMS/8PAN, la cual ha ido de menos a más con respecto a la anterior temporada. Una animación que ha sobresalido en las partes más importantes de la historia, como la reunión de Kyō y Akito o el episodio que nos muestra el pasado de Rin. Parece que TMS/8PAN le ha cogido el punto a la animación, por lo que esperamos que la tercera temporada cuente con una calidad digna de lo que se nos avecina.

Fruits Basket

La banda sonora de esta continuación de Fruits Basket recupera temas de la primera parte, aunque también añade nuevas melodías que casan a la perfección en las escenas en las que están insertadas. En relación a la música, no podemos dejar pasar la oportunidad de hablar de los openings y endings. Unos openings y endings que, a pesar de que cuentan con unas imágenes acordes, no logran cautivar al espectador. El único que tiene posibilidades de ser recordado es el segundo ending, Eden, más por las preciosas ilustraciones que por la canción en sí.

En definitiva, tanto si habéis leído el manga como si no, os recomendamos encarecidamente que le deis una oportunidad al anime Fruits Basket. Amor, humor, drama, emoción… Muchos sentimientos se dan cita en una obra inolvidable que pasará a la historia por ser uno de los mejores shōjo. ¿Vosotros escogeríais la bola de arroz para formar parte de vuestro grupo?